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"Haber sufrido juntos..."
DAVID RIEFF
Es medio día, y aun pareciere que las escenas de la noche, estuvieran colgadas en los ojos como telarañas, esperando una nueva víctima. Ha pasado más de un mes… el llanto y del terror de aquella noche ha sido remplazado por uno nuevo, más violento, que estremece las paredes de las casas, nos desplaza vilmente de los territorios y conmueve a las montañas; uno que es sepulturero de un antiguo dolor.
En algún momento de la vida hemos sostenido el aliento del otro en imágenes que se esculpen a través de las palabras, no es raro que haya historias que perpetúen las memorias innombrables en los libros de historia escondidas en pueblos y veredas de nuestra nación y que son fiel testigo de noches en vela y el paso aterrador de la violencia desmedida ensañada con los más indefensos. Qué más da, es el único refugio que encuentra la historia voz a voz, el único consuelo que poseen las memorias amedrentadas por el rifle y la metralla, la única fórmula de pervivir en el tiempo ya que la historia sagrada le niega un lugar.
Así, reflexionar la violencia y los estados perversos del ser humano, nos lleva hablar voz a voz sobre el sentimiento que mueve a la época, los crímenes, la corrupción, los desequilibrios sociales – mentales, naturales, la violencia con nuestra madre tierra…
La impunidad; al mismo tiempo que nos hace ver la importancia de tomar este malestar como una oportunidad para perdonar, aprender, sanar, pero sobre todo para solidarizarnos con quien vive una agonía silenciosa a cusa del trauma de la guerra; por consiguiente, nos invita a dejar una huella que quizá nos ayude a esclarecer lo ocurridos en el contexto. La violencia, este drama que nos toca ver a diario no es precisamente lo que lo anhelamos ver, ni mucho menos la herencia que quisiéramos otorgarle a nuestros hijos.
Frente a enormes responsabilidades sociales, humanas, científicas y tecnológicas, el aporte reflexivo del arte es pertinente para ayudar a cicatrizar una herida que tiende a cerrarse a medida que miramos al otro con la misma dignidad que nos miramos frete aun espejo. Como puntillazo final llamamos a la imagen sobreviviente de la guerra, “a lo innombrable”, a la poesía trágica en medio de bombas y tiranías desalmada, para poner en tela juicio el comportamiento humano, para humanízanos, hacer un alto en el camino, repensar un nunca más y lazar un grito de protesta frente a la barbarie.
















