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Registro fotográfico

Registro audiovisual

Nostalgia derraman los tiempos… héroes heridos yacen en el fondo de un sótano, de un baúl, de un álbum de foto­grafías a blanco y negro. Derrotado, un sentimiento perenne ronda otras épocas detenidas sobre la noche, la mesa de los abuelos, el tv de los 90s, las carpetas tejidas en crochet por la abuela, un sombrero roído y una medalla meritoria oxidada, aun colgada. Melancolía pintada de blanco derraman las paredes, un escritorio sostenido por notas invisibles escritas por el viento, por un aire viejo perfumado de humedad y el carisma de la muerte; algunos libros disuelven el vacío entre un asiento que nunca más será ocupado, junto a la tinta disecada de un bolígrafo. El frio ronda dentro y fuera de las cosas que ahora duermen profundamente en una cripta abierta, inmersa en el panteón de los recuerdos.

 

La imagen del tiempo no es más que una sombra diluida en los objetos y las formas, tal penumbra, sensación, circula en espacios habitados que están intrínsecamente ligados con los mundos mentales. La fabricación de la imagen, de está esencia alquímica que trasforma nuestro universo, permite la ubicación espacial del cuerpo intelectual de manera individual, social e histórica. En lo concerniente a la poética espacial, sin lugar a dudas está cargada de romanticismo detenidos en un soplo, en un atado de recuerdos y añoranzas amalgamadas entre el arte de crear, las abstracciones, las tradiciones y los afectos familiares ¿Cuántas memorias intangibles guardaran los espacios? ¿Cuántas miradas de complicidad e imágenes metales se forjaron al calor de una taza de café? ¿Los nacimientos y las despedidas? El objeto sin lugar a dudas cumple una función exorcizadora del tiempo, que es clave a la hora de demostrar que el paso del ser humano por este mundo no es en vano.

Para la sensibilidad de los artistas el tiempo puede percibirse de muchas formas; en la ejecución de la técnica del vi­deo y la animación, por ejemplo, a través de la congelación y encadenamiento de la imagen, se desdoblan conceptos, tiempo y espacio en una muestra sensiblemente creativa la cual también puede detenerse, multiplicarse o alongarse, en los ojos de quien se atreve a sumergir, en los espacios del artista. En cuanto a la muestra expositiva, es una fiel res­puesta a estas señales, pues el tiempo se ha vencido en un solo momento, ligado en una sola instancia que nos lleva a comprender los sentimientos con el cual está impregnada la añoranza, es la misma emoción que hoy resguarda el impulso creativo, que por cierto está empapado del aroma de la casa, el retrato de la familia, el paisaje impresionista, el escritorio colmado de libros, la luz de un portátil, el comedor impregnado de olor a comida; las paredes y los afiches de iconos y héroes. Si bien hay una luz de otros tiempos, la sincronía en este caso es vital, ya que nos lleva redescubrir los valores universales e intangibles del ser humano circulante en el enigma que poseen los objetos, el sueño y la nostalgia.

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