
“Porque la Naturaleza me ha educado, como educó las aves del bosque solitario,
que allí entonan sus melodiosos cantos y se preparan sabiamente
para construir sus casuchitas, sin maestro. Y me cantaban las aves. Y la misma naturaleza
me acariciaba y me regaba con flores, hojas y gotas de rocío”.
MANUEL QUINTIN LAME
La paráfrasis de MANUEL, citado en el presente espacio, que, de hecho, es la visión del guerrero en comunión con la naturaleza, nos permite tomar en especial, aquellas palabras anidadas en el sueño universal y que hacen un eco resonante en nuestro corazón revolucionario, legado por nuestros ancestros, apuntillado por el espíritu libertador de MANUEL y JUAN TAMA DE LA ESTRELLA, no con el fin de generar más guerra o estar a la prevención, sino con la única intención de apaciguar las aguas turbulentas de una memoria adolorida, abonada y sembrada con la semilla de la desconfianza y el rencor, un camino, desde luego extraviado y que bajo esta consigna está la firme convicción de aportar al redireccionamiento del camino hacia el alma del mundo, el amor y la sabiduría, como en los viejos tiempos, donde la naturaleza, la mujer y el hombre eran uno solo.
Así pues, nos es fácil hacer una analogía con el epígrafe: “la naturaleza” en forma de amigos, conversas, miradas cómplices de sueños encontrados, de hilos rotos y desarmados que la laboriosidad del tiempo se encargan de retejer; “casuchitas” llenas del abrazo familiar cobijado por la sombra protectora de los árboles y la vigía de las montañas, que son maestras inolvidables, un refugio del alma, pues el caminar iniciado en el presente breviario es un recorrido datado de cientos de años, donde el horizonte es quien nos recuerda cuán infinito es el camino y cuánto se debe perseverar para mantenerse en él; los “melodiosos cantos”, la juergas hechas en el Parque Caldas, las protestas con flautas y tambores, dilatando el tiempo, volviendo hacia lo primordial, al compartir sin pretensión alguna, excepto el de un buen caminar, el de construir nido para una nueva generación.
“LA CASA GRANDE”, la de los artistas, la de los soñadores, la de locos que deambulan por la calle recogiendo la suciedad del mundo, la del sembrador, la de la explotación y la mentira, la de la ilusión, la de la añoranza y la embriaguez; “LA CASA GRANDE”, la del encanto por el mundo y la vida, también la del suicida y violador, la del asesino y la impunidad… “LA CASA GRANDE”, la de los más bellos parajes que puedan existir en el universo, la de miles de hectáreas taladas y océanos contaminados, también la de la abeja polinizadora y el calibre dorado; “LA CASA GRANDE”, la que los Dioses tomaron por morada y perfumaron con sus mitos y leyendas a duendes y elementales que habitan todo cuanto está contenido por el aire, el fuego, la tierra, el agua y el vacío…
El camino lleno de historias, de silencios envolventes amarrados por chumbes, bejucos, rejos; cubierto por ruanas, montañas y más montañas, camino trazando bajo el palabreo de la naturaleza, voz suprema del creador escondida en medio de jardines y el crepitar del fuego. Quizá esta apertura es el comienzo de un nuevo viaje, de un nuevo reencuentro con lo amado, con lo incondicional, con el saber recordar para saber vivir sin ataduras. Y quizá los artistas estemos ahí, para poder seguir reconstruyendo y construyendo puentes donde la fantasía aleja la imagen pavorosa de ayer, o en su defecto tales tormentos se sepan llevar de manera abrazadora y no solitaria.
Es de vital importancia aclarar el espíritu conciliador, unificador y reflexivo del arte, pues gracias a él, fue posible celebrar, en palabras de las mayoras y mayores, dentro de “LA CASA GRANDE”, como se le acuña tiernamente a nuestro departamento caucano por la memoria ancestral, historias de vida, resistencia y diversidad. Habría sido imposible abordar el presente documento sin primero comprender la relación que hay entre las montañas, los valles y la ciudad; la rica biodiversidad, los mitos y leyendas, las tradiciones de nuestros abuelos originarios, de memorias de guerras y resiliencias, de magia desbordante en nuestros sitios sagrados. Sin lugar a dudas es la fuente de la cual bebemos para revitalizar nuestro espíritu mezclado de infinitas maneras.
Por ultimo; el amplio concepto de “CASA GRANDE” no estriba su pensamiento en teoría lineales, en mejores palabras, “académica occidental”. “LA CASA GRANDE”, es la gran Universidad Ancestral, la naturaleza, el mundo, llena de otros lenguajes, otras sensibilidades, que en particular la medicina tradicional conoce con el nombre “dones otorgados por la naturaleza”; dones excepcionales de curar con plantas o energía vital, de la clarividencia, de manejo de energía, del don de predecir los sueños, el don de sobandero, de partera, el don de dialogar con las potencialidades espirituales, don de la fantasía escondida dentro de la selva; pero, sobre todo, esta universidad que pude ser el viento, el agua, el fuego, los animalitos, la tierra, la oralidad, todo cuanto nos rodea, es fiel reflejo de nuestro interior, por tal motivo es indispensable salvaguardarla y homenajearla, pues del mismo modo la gran sabiduría corresponderá a nuestras acciones. Ir al corazón de “LA CASA GRANDE” es ir al corazón del ser humano; no obstante, el camino hacia el seno materno lo empezamos desde lo superficial, desde lo percibido en la ciudad y los pocos misterios que llegan en forma de casualidades desde la montaña.


